sábado § 0



Querida Ana,

todas las mañanas cuando me ve es una fiesta. Muchas veces me pregunto cuál será el motivo de tanta alegría porque creo que ayer le reñí demasiado y, sin embargo, no hay rencor: se lanza en picado desde la escalera y me tira al suelo para lamerme a cara completa.

¿Qué será querer así sin esperar sentirse correspondido?
¡Qué libertad, - qué envidia- qué felicidad, mon Dieu!

Y luego, cuando aún no me he recobrado del sabor de esos besos me trae de un viaje todas su pertenencias, incluida la manta sobre la que no duerme pero lleva siempre sosteniéndola de un pico. Y la pelota de baloncesto y la pequeña de tenis, y el nudo mugriento al que le cayó la tromba anoche y él rebozó por el barro luego. Me roza todo eso por las piernas, mientras se le cae alguna cosa y trata de agarrarla de nuevo. Y yo le digo (porque es muy temprano y hay mucho ruido en la cocina, que el pájaro canta altísimo y las perritas arañan la puerta para entrar también):

-Te esperas un momento que me tome la leche.

Entonces se sienta sobre sus patas traseras y desliza ese rabo enorme por el suelo de izquierda a derecha (que es zurdo) en loop, agacha la cabeza, deja que sus orejas cuelguen tanto, haciendo gala de la más grande manipulación jamás vista; y cierra los ojos como si la vida fuera un rollo tremendo -un sinsentido- si yo no quiero jugar con él.

-Vamos, anda- le digo. Sin la leche y sin lavarme la cara -descalza- y todavía en bragas, salimos al prado que moja hasta las rodillas y nos llena de verde las uñas de los pies.

El juego consiste, porque todavía no he conseguido que suelte lo que coge y, por mucho que yo tire, sus dientes son tan fuertes, su mandíbula lo es tanto que ni en cien vidas yo podría sacarle la pelota de la boca. El juego consiste -digo- en tirarle algo que no tiene dentro de la boca y él va a buscar, y cuando se da cuenta de que las dos cosas no le caben, suelta una y agarra la otra. Así yo puedo lanzarle aquella que abandonó y seguir jugando. Si no el juego se acaba tras el primer lanzamiento y recogida de pelota o cosa.

Después de un rato yendo y viniendo, se acerca despacito y me lame las rodillas. Eso significa que ya está, que estuvo divertido pero que ahora tiene sueño. Yo le acaricio el lomo para que sepa que me va bien, que también estoy cansada. Y allí en medio y encima de cualquier parte, mi cachorro consentido ronca.

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